Momento a momento

En el metro del Distrito Federal siempre hay situaciones de todo tipo, molestas, agradables, horrorosas y hasta enternecedoras. Uno puede estar escuchando, al mismo tiempo, tres conversaciones distintas, el llanto de un niño y los gritos de un vendedor acompañados por los éxitos del momento a todo volumen; o también puede ir escuchando sólo el ruido del tren al andar. El metro es muy impredecible. Pero hace algún tiempo fui testigo de una situación que me hizo pensar que deberíamos vivir un poco más relajados, sin querer anticiparnos a todo, porque adelantarse al destino es imposible.

Pues bien, iba yo felizmente sentado, leyendo los ensayos de mi muy amado Emerson, cuando todo pasó. Se cerraron las puertas del vagón cuando salieron todos los que salieron y entraron todos los que entraron. El tren se echó a andar de nuevo y tres personas que iban sentadas se levantaron para caminar hacia la puerta, creyendo que pronto llegarían a la siguiente estación, donde debían bajar. En el acto, sus asientos fueron ocupados por otras personas. Pero que el asiento en el que ibas sentado sea ocupado por otra persona carece de importancia cuando ya no lo necesitas (o cuando quien se sentó lo necesita más que tú). No fue así en esta ocasión.

El metro se detuvo repentinamente a medio camino. Todos los que hemos viajado en este medio de transporte conocemos esa sensación. Es horrible. ¡Se quedó ahí estancado casi diez minutos! Y entonces me puse en los zapatos de quienes abandonaron sus asientos con bastante anticipación. Yo, en su lugar, hubiera agradecido a los dioses que el metro no iba atascado de gente, pero a juzgar por la expresión de sus rostros, ellas se arrepentían de haberse parado antes de tiempo. Cuestión de perspectivas.

Regla No. 5
A tu destino llegarás cuando llegues, no antes.



3 comments:

  1. . . . no será "llegarás cuando llegues y no antes" . . .

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  2. Sí. No es recomendable eso de pararse antes de tiempo cuando no estás en un vagón lleno de gente o cerca de una estación de prestigio popular. Para cada hora, estación y determinado tipo de vagón (lleno o vacío) hay un tiempo exacto para pararse del asiento. Si vas a bajarte en Hidalgo, por ejemplo, a las 3 de la tarde cuando está lleno, necesitas estar formado una estación antes si es que quieres salir.

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