De mi propia vida

Tengo la fortuna de disfrutar todo lo que hago. Por ejemplo, disfruto los días cuando me levanto temprano y me meto a la regadera, disfruto la sensación del rastrillo acariciando mi cara y la sensación de la ropa limpia envolviendo mi cuerpo. Disfruto del sudor que recorre mi piel cuando salgo a ejercitarme o a patinar. Disfruto incluso del dolor que da después de un rato de andar patinando o haciendo ejercicio. Y qué decir de la oficina, cuando hay tiempo de platicar, de jugar futbolito o billar, o ver una peli o salir a caminar. Disfruto las comidas con mi familia, cuando escucho las mismas historias que hace años me sé de memoria.

Pero también disfruto cuando no hago las cosas. Cuando al despertar, el calor de mi cama me hace quedarme dormido de nuevo, disfruto ver la tele o navegar en internet, según los demás, perdiendo el tiempo. Y disfruto estar solo. Me siento agradecido por lo que tengo y por lo que puedo hacer. 

Si hoy me dijeran que voy a morir pronto, sólo agregaría a mis rutinas algo más de esfuerzo en todo lo que hago. Intentaría ser más disciplinado y perder menos el tiempo en internet. Y también me haría tiempo para hacer alguna que otra llamada a personas con quienes hace algún tiempo no hablo.