Sobre el uso del tiempo

No actúes en la idea de que vas a vivir diez mil años, la necesidad ineludible pende sobre ti. Mientras vives, mientras es posible, sé virtuoso.

Marco Aurelio



La necesidad ineludible pende sobre todos nosotros. Es la muerte, de la que no podemos escapar, ni escondernos. Nuestra vida, hecha de momentos, transcurre sin detenerse. Deberíamos aprovecharla. Perder el tiempo no es otra cosa que perder vida, dejarla ir sin razón. Como dice Séneca «unos tiempos se nos arrebatan, otros se nos sustraen y otros se nos escapan. Sin embargo, la más reprensible es la pérdida que se produce por la negligencia». Esta frase vino a mi mente hoy, por cierta situación en la que me encontré.

Siempre intento aprovechar los viajes en metro. A veces leo un libro, o algún artículo en internet sobre un tema que me interese, a veces, escucho música, o algún podcast. Pero hoy no llevaba ningún libro y mi celular se quedó sin batería. Y no sólo eso. El metro avanzaba con lentitud y en cada estación se detenía más de lo usual. Mi primer impulso fue sentirme molesto. Justo cuando no tengo a la mano algo para aprovechar el tiempo en el metro, el metro va más lento que de costumbre, arrebatándome el tiempo. Pero, recordé a Séneca y creo que en todo caso debería molestarme igual o más conmigo mismo cuando pierdo mi tiempo por negligencia mía. Finalmente, que el metro vaya lento o rápido es algo que no decido yo, y un par de descuidos provocaron que dejara el cargador de mi celular en la oficina y que no llevara en la mano algo para leer. No es grave. Peor es cuando tengo muchos libros a la mano, mi celular con pila y conexión a internet y aún así se me va el tiempo en hacer nada. Continuó Séneca diciendo «y si quieres poner atención, te darás cuenta de que una gran parte de la existencia se nos escapa obrando mal, la mayor parte estando inactivos, toda ella obrando cosas distintas de las que debemos».

Pero no sólo se nos va el tiempo en la inactividad. Como dice Séneca, unos tiempos se nos arrebatan, se nos sustraen o se nos escapan. Nos roban el tiempo, por ejemplo, los chismes. Cuando escuchamos algo que alguien nos cuentan sobre otras personas, ¿en esos momentos estamos ocupando nuestro tiempo de la mejor manera? Si aprendemos de los errores de alguien y escuchar todo aquello nos ayuda a tener más precaución con nuestras propias acciones, no creo que haya ningún problema. Pero, sinceramente, casi nadie hace eso. A veces sólo se trata de criticar y quejarse de otras personas. Y es un tanto peor cuando no son otras personas las que nos llevan el chisme, sino cuando somos nosotros quienes le llevan el chisme a alguien más. Habría que recordar entonces lo que dice Marco Aurelio: «cuánto tiempo libre gana el que no mira qué dijo, hizo o pensó el vecino, sino exclusivamente qué hace él mismo, a fin de que su acción sea justa, santa o enteramente buena».

Pero, ¿de verdad se gana tiempo libre de esa manera? Yo creo que sí. Al final, criticar y fijarse en lo que alguien más dice, hace o piensa, no nos ayuda en nada y es una pérdida de tiempo. Mientras que fijarnos en lo que hacemos, puede ayudarnos a aprovechar mejor nuestro tiempo, no sólo en el sentido productivo, sino que el tiempo que habitemos este mundo, seremos, en el mejor de los casos, mejores personas. No se trata de mirar nuestro pasado para arrepentirnos de lo que hayamos hecho mal o lamentarnos de lo que nos haya pasado. Eso también sería una pérdida de tiempo. Más bien se trata de intentar no cometer los mismos errores una y otra vez, de alegrarnos por lo que hayamos hecho bien y de pensar en las distintas posibilidades que tenemos para el futuro, cuando nos encontremos en situaciones similares a las de hoy. Porque, aunque nos gusta aquello de «salir de la rutina», la verdad es que la vida, la mayoría de las veces, es rutinaria. Hacemos las mismas cosas día tras día. Nos levantamos, desayunamos, tomamos una ducha, vamos a la escuela o al trabajo, etcétera. Y si analizamos nuestras acciones y nuestros pensamientos, podemos proponernos no hacer ni pensar cosas que son sólo una pérdida de tiempo y energía. Podemos proponernos, por ejemplo, ya no quejarnos ni enojarnos con las personas o las circunstancias que se nos cruzan en el camino, para no dedicarle tiempo a quejarnos de algo que no podemos controlar.

Hay que considerar que cuando nos aburrimos, nos parece que el tiempo se va lento, y cuando disfrutamos tanto algo que queremos que ese momento dure para siempre, sentimos que el tiempo se va volando. Y nunca estamos conformes con el tiempo que nos ha sido dado, que es corto si lo comparamos con la edad del universo, pero, citando una vez más a Séneca, «la vida, con que sepas servirte de ella, es larga».

Regla No. 38

No perdamos más tiempo.